Definición

El mieloma múltiple es una forma de cáncer en la que se ven afectadas las llamadas células plasmáticas de la médula ósea.

Las células plasmáticas se forman a partir de los linfocitos B (un tipo de glóbulos blancos de la sangre) después de un proceso de maduración y diferenciación (especialización). Se encargan de la producción de anticuerpos contra las proteínas ajenas al cuerpo y, por tanto, tienen un papel importante en la respuesta inmunológica (respuesta inmunológica específica). Normalmente, el sistema inmunológico humano dispone de toda una serie de distintos anticuerpos para defenderse frente a todo tipo de posibles infecciones. Forman parte de las inmunoglobulinas de los grupos IgA, IgD, IgE, IgG e IgM.

El mieloma es un aumento clonal de las células de plasma y se genera por una alteración maligna de una sola de estas células (de ahí el término «clonal»). En el caso de un mieloma múltiple existen varias de tales acumulaciones de células en distintas partes del cuerpo. Las células plasmáticas degeneradas o producen anticuerpos completos que se denominan paraproteínas o solo fragmentos de ellos, las llamadas cadenas ligeras. Una propiedad de las células de mieloma es la de seguir produciendo solamente anticuerpos de un determinado tipo de inmunoglobulinas. La inmunoglobulina G es la más frecuente, con un sesenta por ciento; la inmunoglobulina A, con el veinte por ciento, es la segunda forma más frecuente. Las demás inmunoglobulinas se ven afectadas con poca frecuencia. Las paraproteínas, a menudo, son disfuncionales y por regla general faltan los anticuerpos sanos. Por ello, el cuerpo ya no puede protegerse correctamente de las infecciones. En alrededor del noventa y nueve por ciento de los pacientes, las paraproteínas se pueden evidenciar tanto en la orina como en la sangre mediante distintos métodos diagnósticos, como la electroforesis en gel.

Aparte de la multiplicación de las células plasmáticas, se ve inhibida la formación de células hematopoyéticas sanas en la médula ósea. Ello conduce a una disminución de células de la sangre, anemia por ejemplo, y por ello la sensación de cansancio y la disminución de actividad. Según la magnitud del cambio en las plaquetas (trombocitos) y los glóbulos blancos (leucocitos), también pueden aparecer hemorragias o infecciones con fiebre.

Desafortunadamente, las células plasmáticas también producen por añadidura sustancias que conducen a una activación de la resorción ósea. Sobre todo en las zonas de la columna vertebral, la pelvis, las costillas y el cráneo donde se produce un ablandamiento local del tejido óseo (lesiones óseas) y con ello también pueden aparecer dolores y fracturas. El tejido óseo es rico en calcio y fosfato. Cuando se disuelve, se liberan sus componentes que son transportados a los riñones a través del torrente sanguíneo donde, en grandes cantidades, pueden causar daños que pueden llegar a causar insuficiencia renal. También la paraproteína misma puede dañar a los riñones.

Una gran cantidad de paraproteína también tiene como consecuencia un aumento de la viscosidad sanguínea. La sangre se vuelve más espesa y por ello circula con mayor lentitud por el cuerpo, lo que puede producir trastornos circulatorios.