El Síndrome Mielodisplásico

 
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Los síndromes mielodisplásicos “SMD” (crecimiento «-plasia», anormal «dis», de la médula «mielo-») son enfermedades relacionadas con las leucemias en las que las células de la médula ósea pierden la capacidad de formar células de la sangre totalmente maduras. En consecuencia, el número de células inmaduras y displásicas (con desarrollo anómalo y no equilibrado) en la médula ósea y en la sangre aumenta por encima de lo normal a expensas de las células maduras. El incremento de la cantidad de células inmaduras produce efectos adversos tanto en la médula ósea y en la sangre como en otros tejidos del organismo que éstas pueden llegar a invadir (infiltrar), los cuales se suman a los efectos adversos que produce la disminución de las funciones que realizan las células maduras.

Los dos sistemas más importantes de transporte del organismo, llamados vascular y linfático, contienen tejidos fluidos (sangre y linfa, respectivamente) para desempeñar sus funciones. En estos tejidos existen varios tipos de células que, o bien realizan funciones de transporte por sí mismas, o bien son transportadas por la sangre para realizar sus funciones en otras partes del cuerpo distintas a donde se originaron. Estas células de la sangre y de la linfa se originan y crecen en un tejido que está presente en el interior de los huesos llamado médula ósea roja. Existe otro tipo de médula ósea, la llamada médula ósea blanca, que no participa activamente en la producción de células de la sangre.

En la médula ósea roja (o, simplemente, médula ósea) existen unas células primitivas “o células madre” que son capaces de reproducirse y generar una progenie de diferentes tipos o linajes de células adultas diferentes (células diferenciadas maduras). Estas últimas son las que normalmente circulan en la sangre, e incluyen los glóbulos rojos (o, más correctamente, eritrocitos) los glóbulos blancos (o, más correctamente, leucocitos) y las plaquetas (o, más correctamente, trombocitos). Dentro de los leucocitos, a su vez, pueden diferenciarse distintos tipos, como son los monocitos, los granulocitos y los linfocitos. En la transformación desde las células madre hasta las células maduras diferenciadas pueden distinguirse diversos procesos, entre los que se incluyen la reproducción, la diferenciación y la maduración que suceden en varias etapas durante las cuales las células intermedias, denominadas genéricamente blastos, van diferenciándose y madurando. Es interesante que, casi desde el principio de este proceso, las células que dan lugar a los linfocitos se diferencian de las que dan lugar a las demás células de la sangre. Esta característica separación se ha utilizado para clasificar a las células de la médula ósea y de la sangre en dos grupos, las llamadas serie linfocítica, que da lugar a los linfocitos, y serie mielocítica, que da lugar a las demás células de la sangre. El término serie se emplea para designar el conjunto de procesos de reproducción, diferenciación y maduración de la médula ósea que implican a cada linaje de célula resultante. Así, se habla de serie linfocítica y mielocítica, pero también se emplea en expresiones como serie eritrocítica o serie monocítica. La generación de células diferenciadas maduras que circulan en la sangre a partir de las células madre se denomina hematopoyesis (crear «poiesis» sangre «hemato»).

Este grupo de células tan grande que incluye diferentes linajes y estados de maduración es susceptible de sufrir transformación maligna y originar diversos tipos de cáncer, las neoplasias hematológicas, que se pueden clasificar según los linajes afectados. Así, se distingue entre el cáncer mieloide y linfoide. A diferencia con otras neoplasias hematológicas que afectan a linajes específicos (por ejemplo las formas concretas de leucemias o de linfomas), los SMD pueden afectar a todos los linajes de células, y presentan una tendencia a progresar hacia otra variedad de neoplasias hematológicas conocidas como leucemia mieloide aguda (LMA).

La alteración del proceso normal de formación de la sangre en el SMD produce trastornos de la función de la médula ósea y, en consecuencia, de las células de la sangre. Se emplea el término genérico insuficiencia medular para designar a estos trastornos. La insuficiencia medular da lugar a efectos adversos que afectan a todo el organismo. Entre ellos son comunes la destrucción ósea, la anemia (reducción del número de eritrocitos capacitados por debajo de lo normal), la citopenia (reducción «-penia» del número de otras células «cito-» capacitadas por debajo de lo normal) y la disminución de la capacidad para luchar contra las infecciones. En personas afectas por SMD son comunes la anemia, la fatiga, las infecciones y las hemorragias.

El SMD afecta principalmente a personas de edad avanzada y se asocian a factores de riesgo como los tratamientos quimioterápicos previos o la exposición a disolventes y pesticidas. El aumento de la esperanza de vida se asocia con el incremento de la frecuencia de SMD. La evolución varía de unas personas a otras, y aunque su pronóstico per se puede no ser malo, también puede empeorar notablemente debido a la presentación de complicaciones, bien debidas a la propia insuficiencia medular, bien por la transformación en LMA. Es por tanto muy importante la realización de controles periódicos de la función medular y de detección de leucemias, la administración de tratamientos preventivos, y la adquisición de costumbres de vida que ayuden a prevenir las complicaciones, para evitar que el pronóstico empeore.